Del follar y de las ilusiones

Va, tío. Perdona que te de la lata. No soy uno de esos borrachos que van por ahí contándole su vida a la gente. Lo que pasa es que los tíos somos todos iguales. Entre heteros esto no pasa. Porque los tíos… los tíos solo pensamos en follar. Una pareja heterosexual tiene a una tía que normalmente es la que frena todo un poco y se aferra más a la realidad.

Nuestra relación se basaba en follar. ¡Qué coño, nos conocimos follando! Follábamos de puta madre y a partir de ahí, tío, empezamos a querernos. Pero un huevo. Nos queríamos un huevo. Y claro, al final te lo crees. Te crees que llevas una relación normal. Te vas a vivir con él a un piso en el centro y empiezas a hacer todas esas cosas que te han metido en la cabeza, que si unas vacaciones, que si presentarlo a la familia… esas cosas.

Éramos felices. O por lo menos lo más cerca que yo he podido estar de la felicidad. Y él también, ¿eh? Llévabamos una vida de puta madre. Él con su curro en la universidad tenía mucha libertad. Yo renuncié a subir en mi trabajo para tener más tiempo y poder pasarlo juntos. Y no me arrepiento, ¿eh?. Lo hice porque era lo que me apetecía hacer. Viernes libres, salir temprano por las tardes, juntarnos para comer en los restaurantes de moda, salir de copas como cabrones… ¿sabes?  a este pub veníamos mucho. Porque no nos encerrábamos en nuestro mundo de pareja como hacen muchos otros. No tío. Nosotros manteníamos nuestros colegas, los míos y los suyos. Lo mismo nos íbamos un grupito a una casa rural al monte que nos quedábamos aquí de fiesta, saliendo como si no hubiera mañana. Joder, ¿no es bonito emborracharte con tu novio? Una botella de JB para los dos. Hasta eso compartíamos. Una puta botella solo para nosotros dos y acabar borrachos, abrazados, cantando chorradas y al llegar a casa follar como leones. Joder, es que era perfecto.

Pero un día, sin que hubiera pasado nada raro, llega y me dice que me deja.Que ha conocido a alguien, un tal Juan, un puto bombero. Que si sabía que lo nuestro no iba a ningún lado, que si él era muy joven para andar medio casado… excusas todo. Joder, hasta habíamos estado mirando para tener un crío de una madre de alquiler en Estados Unidos. Una puta excusa. Porque al final todos somos tíos, y eso se nota. Lo que el cabrón quería era follar. No follar más, pero sí follar con otros. Demostrar que seguía siendo muy guapo y muy hombre y que se podía tirar a cualquier bombero buenorro que conociera en cualquier discoteca. Bien por él. Pero a mi me ha dejado jodido. Bien jodido. Además, así no se hacen las cosas. Seguro que se estaba tirando a ese tío desde véte tú a saber cuándo. Y el otro lo sabía seguro, ¿eh? Porque los tíos somos así de cabrones. Con tal de follar, nos dan igual los demás.

Pero bueno, ya basta de soltarte mi mierda, que hemos empezado hablando de la música y he acabado contándote mis miserias y ni siquiera nos hemos presentado. Yo me llamo Rafa.

– Yo soy Juan.

– ¿Y a qué te dedicas, Juan?

– Soy bombero.

 

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4 thoughts on “Del follar y de las ilusiones

  1. ermismoh says:

    Chungo. Muy chungo todo. A no ser que la conversación siguiese así:

    – ¿Quieres follar?

    – Vale.

    Entonces todo no sería chungo.

  2. Vespertine says:

    Cuánta verdad en tus palabras. Pues así llevo yo 5 años, y los dos sabemos que el otro se quiere follar otros (obvio…y confuso). Es cuestión de conseguir que la cabeza tire más que la polla. Porque es cierto que las relaciones homosexuales están desequilibradas (las lesbianas se han llevado la peor parte ¿eh? demsadio intenso todo). Semos unos desviados.

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