Las historias de Zorrita y Cultureta: la huelga

Llamada telefónica entre Zorrita y Cutureta:

Cultureta: ¿Zorrita, te vienes esta tarde a las 6 a tomar un café a mi casa?

Zorrita: ¿Esta tarde? Estoy currando

Cultureta: No me jodas puto esquirol de mierda que estas trabajando el día de la huelga general

Zorrita: Pues sí chico. Trabajo en una puta tienda de ropa por una misera. A mi para que me follen no me hace falta una reforma laboral.

Cultureta: Lo decía porque como venía Mateo y siempre me pregunta por ti…

Zorrita: ¿Mateo el de la polla enorme y preciosa?

Cultureta: Ese mismo

Zorrita: Pues oye, creo que voy a hacer huelga de media jornada y me voy con vosotros

Cultureta: Puta zorra de mierda

Zorrita: Mejor que esquirol…

El concierto y la deuda

Para contar lo que pasó ayer hay que remontarse, como mínimo, 2 años atrás. Por aquel entonces mi amigo P. no vivía aún en Madrid  le habían tocado un par de entradas para un concierto privado de un grupo de moda. Como venir a Madrid solo para el concierto era excesivo me regaló las entradas para que yo fuera con quien quisiera. Aquí aparecé mi amigo M., porque como buena moderna le encantaba aquel grupo.

M. y yo fuimos al concierto en cuestión, pero a aquello no se le podía llamar concierto. Aquello no era una sala de conciertos ni había público. Era un chalet de esos que existen por algunas zonas del centro de Madrid y lo que había allí era un grupo amigos íntimos del grupo. Nosotros éramos los chicos raros que habíamos ganado nosequé concurso. Tocaron en el jardín, junto a la piscina. Nosotros estábamos sentados en las escaleras que daban acceso a la vivienda. Era una maravillosa noche de principios de verano, un grupo genial, mucha cerveza fresquita y un ambiente super íntimo. Realmente fue increíble. Presentaron las canciones de su futuro disco antes fieles amigos y tocaron algunos de sus grandes éxitos. Pero lo mejor de todo fue la after party que se montó. Enseguida nos hicimos amigos de todos los que andaban por allí. Acabamos borrachísimos a las tantas de la mañana y, este es un detalle importante, mi amigo M. se la comió a un actorcillo medio famoso que andaba por allí.

Desde aquello repetí varias veces, medio de coña, que M. le debía una mamada a P. por haberle conseguido la invitación a una noche tan genial. Se lo decía a M. y a P. y a ambos les parecía divertida la idea. Pasó el tiempo y P. se vino a vivir a Madrid, pero nunca llegó a conocer a M. P. tuvo sus novios y M. los suyos, pero hace poco coincidió que ambos lo acaban de dejar y andaban solteros. Volví a repetir mi gracia hasta que a mitad de esta semana parecía que la cosa iba en serio: “os invito a mi casa a un café y le haces a P. la mamada que le debes”. Así fue como ayer por la tarde vinieron los dos a mi casa.

Llegaron casi a la vez y estaba claro lo que iba a pasar. Lo que no estaba tan claro es como iba a pasar. ¿Se irían a mi dormitorio a hacerlo en la intimidad? ¿O se pondría M. a chupársela a P. directamente en mi sofá conmigo delante? Yo expresé mi preferencia: nunca en mi vida había presenciado una escena de sexo en vivo sin haber participado en ella. Era, más que morbo, curiosidad ante situaciones desconocidas. A los dos les pareció bien, no sé si por el morbo o también por la curiosidad. Además no había lugar a la vergüenza porque todos nos habíamos vistos desnudos por separado. Y así, con las primeras canciones del Pet Sounds de los Beach Boys sonando, M. empezó a comérsela a P. en el sofá mientras yo miraba y fumaba un cigarro. La situación tenía su morbo y  a mi enseguida se me puso dura. La cara de placer de P. mientras se la comían, con los ojos cerrados. Cómo se lo curraba M. Los gemidos de placer de P. que se podían oír entre los silencios de las canciones de los Beach Boys. A mi por encima de todo me parecía que P. estaba guapísimo con su barbita y una boca que dejaba ver un placer inmenso. Y aunque la cosa estaba siendo morbosa, se empezó a poner un poco aburrida. Estaba siendo una mamada muy larga sin apenas ninguna variación. Ya íbamos por la segunda tanda de canciones repetidas (mi edición del Pet Sounds incluye primero las 13 canciones originales en su versión mono y luego las mismas 13 canciones en la remasterización en stereo). La mezcla del aburrimiento y lo que me estaba encantando la cara de P. me llevaron a acercarme un poco y empezar a acariciarle el pelo y el cuello a P, que se que me encanta. En seguida vi como P. me acercaba aún más y empezábamos a comernos la boca mientras M. se la seguía comiendo. Ahora P. gemía mucho más. Pronto puso su mano en mi paquete y empezó a sobármela. Me desabrochó los pantalones para agarrarme la polla y pajearme y al rato estaba ya comiéndomela. Ahora era yo el que gemía de placer. Y así mientras M. se la comía a P., P. me la comía a mí y yo acariciaba a P. aquello se había convertido es una especie de trío.

Realmente yo no valgo para voyeur. Al final fui el único que se corrió de los tres. Empiezo a pensar que soy un fresco.

La pluma

Complicado tema el que traemos hoy al blog: la pluma. La RAE (sí, esa misma que dice que el matrimonio es unión entre hombre y mujer y adulterio es entre persona casada y otra de distinto sexo que no sea su cónyuge)  define la pluma en su 17ª acepción como afeminamiento en el habla o los gestos de un varón. Esto es, un hombre con gestos de mujer o que hable con una entonación típica de mujer. Siguiendo la tradición de rigor científico de este blog vamos a intentar realizar un estudio más profundo sobre qué es la pluma, su percepción, sus tipos y su relación con el entorno.

Percepción

Uno de los principales problemas a la hora de hablar de la pluma es la percepción que que tiene el individuo (heteros incluidos, pues la pluma no es exclusiva de los maricas aunque sí mayoritaria) de su propia pluma. En general uno no se da cuenta de la pluma que tiene sino que son los demás los que se la hacen notar. Así las típicas descripciones que se pueden encontrar en múltiples perfiles de “cero pluma”, “masculino”, “sin plumas”, “pinta hetero” suelen tener muy poca credibilidad (probablemente una de las mentiras maricas más extendidas junto con el “chupa, chupa que yo te aviso” y el “yo busco algo serio”).

Escala de pluma

A la problemática de identificar la pluma se añade la dificultad de medirla. La pluma no es una característica marica que se pueda medir como los centímetros de polla (aunque ese es un tema del que este blog tiene pendiente hablar largo y tendido), la edad, la altura o el peso. ¿Un poco de pluma? ¿Lo normal? ¿Mucha?. Difícil cuestión. Quizá sea mucho más útil establecer distintos tipos de pluma ante los  que cada cual establezca su tolerancia.

Tipos de pluma

  • Pluma estática: es aquella que se puede observar con una simple foto. Es un gesto facial fácilmente reconocible.
  • Pluma andarina: también conocida como pluma “pitipiti”, es aquella que queda en meridiana evidencia al ver al sujeto caminar y la forma de contornear las caderas como si estuviera en una pasarela. Es más fácil se observar desde atrás.
  • Pluma gestual: también conocida como “se me ha caido el helado” por el gesto de mano girada tan propio de esta pluma.
  • Pluma oral: es aquella que queda evidente por la forma de hablar. Se caracteriza por una tesitura de voz aguda, una entonación ascendente-descendente y un cierto arrastre de las vocales. A veces va unida a una tendencia excesiva al grito.
  • Pluma léxico-gramatical: se da en aquellos individuos que tienen una preferencia notoria para referirse a ellos mismos en femenino y el abuso de vocablos como “tía”, “o sea” y “que fueeerte”.
  • Pluma de baile: se manifiesta únicamente bailando, generalmente imitando coreografías de grandes divas y vedettes a la perfección.
  • Pluma estilística (que no estilográfica): consiste en incorporar al estilismo personal elementos asociados aún a las mujeres: bolsos, maquillaje, pendientes de perlas, etc…

Evolución

La pluma, al contrario que otras características maricas puede sufrir evolución en un mismo individuo (y no, el tamaño del pene no cambia por mucho que compréis en la teletienda). Esta evolución puede darse en ambos sentidos: para aumentar la pluma o disminuirla. Diversos estudios sociológicos consideran que, del mismo modo que los acentos locales, la pluma se puede contagiar en función del entorno social. Así si una persona con una moderada pluma inicial empieza a rodearse de maricas con más pluma, será normal el contagio dependiendo de la predisposición. Esto suele ser más frecuente en las etapas adolescentes y postadolescentes en las que el individuo es mucho más influenciable.Además, existen determinados grupos sociales donde la pluma no solo está bien vista sino que es casi condición necesaria para pertenecer a ellos (modernas, huesilocas, etc…)

Del mismo modo la pluma se puede corregir, y personas con mucha pluma pueden intentar ocultarla hasta que evolucionen a un nuevo estado. Sin embargo en esos casos queda siempre lo que se llama la pluma latente. Para identificar esta pluma latente los mejores métodos son:

  • Hacer que el individuo cante. Con la concentración en la música la parte consciente se relaja y salen a relucir los instintos más naturales
  • Dar un susto. Esto provoca una reacción rápida y casi subconsciente, que en los cosas de pluma latente derivan en un gritito agudo.
  • Esperar a que el sujeto rompa un plato (literalmente) y observar su reacción.

Plumofobia

Es ampliamente conocida la aversión que la pluma provoca entre los sectores más conservadores de la sociedad, incluso en aquellos que aceptan el fenómeno homosexual sin mayor reparo. Un buen ejemplo de esto son esas madres que dicen “si a mí me parece muy bien que seas gay, hijo mío, pero no que te vistas como esos“.

Lo realmente curioso es lo extendida que está esta plumofobia entre los propios maricas: “yo me comeré pollas, pero no soy una loca“. Es aceptable que cada uno tengas sus gustos personales. Del mismo modo que unos prefieren las pollas grandes y otros las pequeñas otros preferirán a los tíos con pluma o sin ella. Lo más chocante aquí es ese odio tan excesivo a la pluma que pasa a la falta de respeto y al insulto. Sí, esos mismos que se quejan luego de homofobia.

Mitos

Algunos mitos típicos alrededor de la pluma son:

  • Todos los tíos con pluma son pasivos. Falso. Si bien es cierto que existe una ligera tendencia a asociar un rol más femenino con la pasividad no se puede generalizar.
  • A más pluma, más polla. Falso. Del mismo modo que no se ha podido establecer una correspondencia de manera científica con el tamaño de la nariz, los pies o los dedos y el tamaño de la polla, es imposible establecerla a partir de la pluma.
  • Si tiene pluma es gay. Falso. O por lo menos será falso hasta que consiga tirarme a unos cuantos amigos heterosexuales con ligera pluma.
  • Si tiene pluma es una marica mala. Falso. Hay bellísimas personas con una pluma exagerada y a veces hasta bella.

 

Actualización: nos comenta un lector del blog que la RAE ha enmendado su definición de adulterio, y si pulsamos el botón “artículo enmendado” obtenemos el Avance de la vigésima tercera edición en la que se corrige la definición. ¡Muchas gracias!

Conocerás al hombre de tus sueños

Conocerás al hombre de tus sueños es el título de una maravillosa película de Woody Allen. Yo a Woody Allen le tengo un cariño especial porque de pequeño siempre veía sus películas en la televisión con mi madre (él y Hitchcock eran claramente nuestros favoritos). Años más tarde me eché un novio con el que veía las películas de Allen en la cama.

Toda esta introducción sentimentaloide se justifica por el tema del artículo de hoy: ese proceso tan curioso de conocer al hombre de tus sueños por internet. Dos premisas básicas:

  1. Eso de conocer a posibles novios por internet es una cosa que se hace de postadolescente. Uno se equivoca, comete muchos errores y aprende de ellos para no volver a cometerlos.
  2. De mayorcito, una vez abandonados todos los perfiles en páginas guarras, uno vuelve a conocer a alguien por internet, y se vuelven a repetir los errores. Como cantaba Gardel: “y aunque no quise el regreso, siempre se vuelve al primer amor”.

Y es que, jo, qué bonito es eso de imaginar al hombre de tus sueños al otro lado de la pantalla. Porque haya o no fotos o webcams de por medio, siempre quedará algo por conocer: tal vez la voz, la forma de mirar, la pluma oculta, el sexo, mil cosas. Y mientras tanto hacemos eso que cantaba Cecilia:

A veces sueña y se imagina

cómo será aquel que tanto la estima.

Sería un hombre más bien de pelo cano,

sonrisa abierta y ternura en las manos.

¿Para cuándo una secta de adoradores gays de Cecilia? Es a la única persona que podré perdonarle el laísmo.

Luego viene aquello de la primera cita, quizás el primer polvo, los amores consumados  y los olvidados y todas esas cosas con sus grandezas y sus miserias. Pero jo, qué bonito es lo de estar conociendo al hombre de tus sueños.