El facha

El facha es el más malote de su clase. Yo supe que era facha desde la primera vez que me puso la cam para enseñarme su cuerpo fibrado. Una bandera con el pollo colgada en la pared no puede significar otra cosa.

Es hetero, con su novia de toda la vida. Claro, como buen facha. Pero le gusta que le traten como a una puta. Si esto se quedara solo en poner cara de zorra por la cam, enseñar el culito e imaginar que se está tragando un rabo supongo que en su mente nacionalultracatólica esto no pasaría de ser un pecado de pensamiento. Pero es que al facha no solo le gusta imaginar que le obligan a comer un rabo. No. Le gusta que de verdad se lo hagan tragar hasta el fondo. Y por eso queda conmigo.

Al principio pensé que, por coherencia con su ideología, al llegar a su casa, por las noches, se arrepentiría de todas estas cosas. Eso fue hasta que una de las veces que quedamos me pidió que le grabara con su móvil con toda la lefa chorreándole por la boca. Así que el facha, por las noches, lo que hace es ponerse esos vídeos para ver lo puta y maricona que ha sido y pajearse mientras tanto.

Por eso cuando veo a un facha en la tele diciendo burradas y empiezo a ponerme nervioso pienso en mi facha y me relajo imaginando que quizás este también tenga sus vicios tan contrarios a aquello que predica. Si me sale la vena pesimista diciendo que no, que mi facha es una excepción, se me aparece la imagen de PedroJota para recordarme que sí, que es posible.

Fiesta de despedida

El sexo había sido el centro de su vida en los últimos años: había viajado para follar, había mentido y engañado para follar, había dejado atrás a muchos de sus amigos para follar e incluso había llegado a pagar para follar. Se levantaba pensando en quién se iba a follar ese día. Trabajaba esperando que llegara el fin de semana para pasárselo entero follando. A veces eran hasta tres y cuatro polvos al día con personas diferentes, sin dejar nunca escapar una oportunidad.

En algún momento se dio cuenta de que había ido demasiado lejos y creía que estaba destrozando su vida. Por eso decidió dejarlo. Se acabó el sexo. O al menos el sexo libre con cualquiera y sin ataduras: a partir de ahora solo follaría con su pareja cuando la tuviera.
Y pensó que, al igual que hacen los gordos cuando deciden ponerse a régimen tres meses que se dan un banquete pantagruélico que dura un día entero, él debía darse un homenaje sexual por todo lo alto antes de su definitivo adiós. El plan era pasarse 24 horas follando sin parar con todos los tíos con los que había compartido estos últimos 5 años de sexo. Buscó en la agenda del móvil y por las redes sociales a todo aquel con el que había compartido cama en algún momento y les envió este mensaje:

“A partir del próximo lunes me retiro del sexo. Organizo una despedida especial de 24 horas a partir de las 7pm del sábado. Si quieres pásate en cualquier momento, quizá estemos solos o con más gente pero seguro que lo pasaremos bien.”

Sabía que muchos no iban a contestar: unos porque se creyeron los únicos amantes fieles, otros porque no aceptaban la idea del sexo en grupo. Pero para su sorpresa muchos de los que a priori creía que no se apuntarían aceptaron, probablemente deudores de tantas horas de sexo en el pasado creyendo hacer lo correcto correspondiendo en una formal despedida. En pocas horas muchos confirmaron su asistencia: el camarero de aquel bar de tapas, el estudiante de medicina, el auditor puteado, varios dependientes de tiendas de ropa y varios peluqueros, un par de jovenzuelos ninis … Al final la lista provisional de invitados superaba los 40. Muchos preguntaban a qué hora estaría aquello más ambientado y otros preferían que les dijese una hora más tranquila. Pero él se negó a intentar repartirlos en el tiempo y solo les decía “ven cuando te apetezca o te venga mejor, lo mismo a las 9 de la noche que a las 3 de la mañana. Igual vienes y participas en una orgía que 12 que follamos tú y yo solos a la luz de las velas y te quedas a dormir”.
24 horas follando eran muchas, incluso para él, así que entre los preparativos más convencionales (12 toallas, 14 rollos de papel higiénico, 6 cajas de condones, alcohol, marihuana ect…) incluyó otros excepcioales: un par de gramos de cocaía y varias pastillas de viagra.
El primero en llegar fue Rafa, un chico que había estado enamorado de él y que acabó dándolo por imposible. Llegó a las 5 de la tarde, 2 horas antes, decía que quería ser el primero en despedirse e irse antes de que empezara todo aquello. Pero su gozo en un pozo: cuando estaban fumándose un porrito previo apareció Lucas, un actorcillo venido a menos despistado con la hora como siempre. Pero Rafa estaba muy positivo y pronto empezó el trío que inauguraba la despedida. Cuántas cosas debieron de pasar desde ese momento hasta las 7pm del domingo en las que por fin se acostó abrazado al pequeño Javi que cuando cerró los ojos no sabía si a al levantarse a la mañana siguiente todo seguiría como antes, habría dejado definitivamente el sexo o se suicidaría.

Las historias de Zorrita y Cultureta: la huelga

Llamada telefónica entre Zorrita y Cutureta:

Cultureta: ¿Zorrita, te vienes esta tarde a las 6 a tomar un café a mi casa?

Zorrita: ¿Esta tarde? Estoy currando

Cultureta: No me jodas puto esquirol de mierda que estas trabajando el día de la huelga general

Zorrita: Pues sí chico. Trabajo en una puta tienda de ropa por una misera. A mi para que me follen no me hace falta una reforma laboral.

Cultureta: Lo decía porque como venía Mateo y siempre me pregunta por ti…

Zorrita: ¿Mateo el de la polla enorme y preciosa?

Cultureta: Ese mismo

Zorrita: Pues oye, creo que voy a hacer huelga de media jornada y me voy con vosotros

Cultureta: Puta zorra de mierda

Zorrita: Mejor que esquirol…

Apalabrados

Se conocieron una noche de viernes jugando al apalabrados.

Davicín abrió el juego con una declaración de principios: sexo, 10 puntos. Peibol aprovechó la o de sexo para recular y proponer amor. Tras 1 minuto interminable, davicín dijo por fin tambien. Peibol advirtió con la x de sexo que tenía ex. Davicín hizo doble palabra con guapo, y la respuesta de peibol fue mucho. Tuvo davicín que aclarar con un yo que el guapo era él, no el ex de peibol, al que no conocía. Cuando peibol puso acto davicín entendió perfectamente a qué se refería y, como no tenía letras para poner pasivo, simplemente puso feliz. sitio, donde, callao fueron las siguientes palabras de los apalabrados que, al final, acabaron enamorados.

Ficción (sexual) a partir de la realidad

La realidad, o sea, los hechos

Como buen soltero ocupado pido más comida a domicilio de la que debería. Como además soy desordenado y moderno pido mucho a telepizza (suelo andar sin dinero en efectivo y en telepizza se puede pedir por internet y pagar con paypal).

Desde hace un año o así ha venido unas cuantas veces un mismo repartidor de telepizza. Está buenísimo y me pone mucho. Siempre que viene con su maravillosa sonrisa y mi pizza mira mucho la casa. A veces se fija en la tele y me pregunta cómo va el partido. Yo le sonrío mucho pero nunca le dejo propina porque me parece muy guapo y me da vergüenza. Además es el único repartidor que nunca trae boli para firmar el recibo y tengo que ir yo a buscar uno. Cuando vuelvo con el boli siempre lo pillo cotilleando la casa con la mirada, nervioso porque su sonrisa aumenta y se le hace difícil disimular. Creo que sabe que soy gay, esas cosas se notan con la mirada y, por si fuera poco, una vez que no encontraba boli me dijo que tenía un rotulador pegado con imán a la nevera. Al irse caí en la cuenta de que en la pizarrita que había junto al rotulador ponía nosequé mariconada de comer rabos que alguien, de fiesta, había escrito la noche anterior. A partir de la historia del boli hemos desarrollado una pequeña complicidad. Ahora cuando viene pregunta algo como “dime que tienes boli” y yo respondo algo como “sí, ya lo dejo aquí siempre preparado” y volvemos a sonreirnos. Estamos en el punto de que cuando viene nos preguntamos qué tal nos va y cosas así.

Para terminar, y este es un dato importante, algo sabe de mi vida sexual porque a veces tiene que traer 2 pizzas y sabe que estoy acompañado en esas clásicas noches de la tripe P: peli, pizza y polvo. Probablemente haya alcanzado a ver desfilar por mi casa a diferentes amantes, y quizá haya llegado a notar el olor a sexo.

La ficción, o sea, la fantasía

La realidad podría constituir el primer acto de nuestra historia. Se podría adornar un poco, sembrar ganchos para enlazarlos en el segundo acto. Para este segundo acto, donde se desarrolla el conflicto, tenemos varias opciones:

  • Una noche de reparto parecida a las anteriores sucede un hecho inesperado que detona la acción:
    • Huele a porro y él se descubre como un gran fumeta. Lo invito a entrar a fumarse uno. Acaba en polvo rápido porque tiene que seguir con el reparto.
    • Pregunta por el juego de play al que estoy jugando. Insisto en enseñárselo y me dice que tiene que terminar el reparto pero que luego se podría pasar por casa para echar unas partidas. Vuelve y entre lo mandos de la play la cosa acaba en polvo.
    • “Anda, no sabía que te gustara extremoduro, son la hostia” “Coño, tienes 2 guitarras, ¿tocas? Podríamos intentar hacer luego una canción”. Acaba en polvo.
    • Cuando le abro la puerta llevo puesto un pijama que no puede ocultar la erección. Sin hablar nada entra, cierra la puerta, suelta las pizzas, se pone de rodillas y me la come.
  • Una noche de juerga me lo encuentro en chueca. “Ey, tu eres el chaval de las pizzas”, “sabía que eras marica, un tío tan guapo no puede ser hetero”. Acabamos en mi casa y acaba en polvo.
  • Una noche llama a mi puerta. No va vestido con el uniforme de telepizza. Viene directamente a follar.

Para cerrar la historia con un breve tercer acto hay varios caminos:

  • Una conclusión simple y sencilla de final feliz:
    • “A partir de aquello cada vez que me apetece follar pido una pizza esperando que venga él”.
    • “Nos hicimos novios, fuimos felices y comimos… pizzas (y pollas)”.
    • “Me confesó que desde que trajo la primera pizza le había dicho a su jefa que siempre que hiciera yo un pedido le llamaran él. Era lo más bonito que me habían dicho nunca. Le di un abrazo y nos quedamos dormidos”.
  • Final trágico:
    • “Fue el mejor polvo de mi vida. Llevo 2 años pidiendo pizzas 3 veces en semana, rotando los días y las horas pero no lo he vuelto a ver”.
    • “Fue el peor polvo de mi vida. Además de follar fatal era un imbécil. A veces es mejor mantener el morbo de un polvo deseado pero no echado que desilusionarse con la triste realidad”.
  • Final revelador donde la historia da un giro sorprendente:
    • “Cuando terminamos de follar me pidió todas las propinas atrasadas”.
    • Metahistoria. “Escribí este post hace unos meses pero me pareció malo y no lo publiqué. Sin embargo la historia se ha vuelto real y ha sucedido algo de lo que aquí era ficción”.

La polla más bonita de España

 

Conocí a T. una tarde en algún chat de internet buscando un polvo rápido. No conseguí el polvo pero me puso la cam y pude descubrir un cuerpo perfecto y una polla inmensa, poderosa y también perfecta. No le vi la cara.

Durante los siguientes meses se repitieron las situaciones en las que él me ponía la cam sin ponerla yo. Buscando algo de conversación morbosa y con promesas de quedar algún día se masturbaba de forma espectacular. Siempre sin enseñar la cara. Quiero creer que su ciberexhibiscionismo era mayor que mi cibervoyeurismo o al menos me escudaré en una gran sensibilidad para apreciar las obras maestras. Entre historias de pajas en cines o supuestos encuentros fui sabiendo muy poquito de él: 20 años, hetero con novia, estudiante de fuera de Madrid…

Pero como todo lo que no avanza termina cansando di a T por imposible: un chico que no era capaz de llevar sus deseos por los hombres más allá de una pantalla de ordenador, un ciberpajillero, alguien con demasiado miedo.

Hasta que llamó a mi puerta no me creí que iba en serio aquello que dijo una tarde de quedar. Eso sí, con alguien más porque le daba miedo ir a casa de un desconocido. Aquella tarde de pajas a lo “hetero” me sirvió para comprobar en vivo lo que ya sospechaba: T. tenía la polla más bonita de España. También descubrí que era jodidamente guapo, tenía una sonrisa increíble y era bastante divertido.

Casi más sorprendente fue cuando, a la semana, T. me dijo de volver a quedar a solas. Y también me sorprendió cuando, al tiempo, nos dimos los teléfonos para que pudiera venir cuando estaba cerca de mi casa. Las pajas en el sofá con porno en la tele fueron evolucionando muy poco a poco. Primero se hicieron mutuas, luego se acompañaron con caricias por el cuerpo, luego con besos que al final llegaron a la boca… Fue como volver a descubrir el sexo con ventitantos.

A finales de un verano me dijo que se iba de Erasmus a Italia así que pensé que nunca más lo volvería a ver. Pero al acabar las navidades de ese año me mandó un mensaje diciendo que su avión para Italia salía al día siguiente temprano desde Madrid, que su novia aún no estaba allí y que si se podía quedar de buen rollo en mi casa. Aquella noche bebimos, nos reímos y por primera vez estuvimos juntos en una cama. También fue la primera vez que me dejó comerle el culo y la primera vez que me pidió que le follara. Se fue feliz por la mañana. Aún no sé su nombre.

 

Me he puesto a escribir esta historia recién levantado de la siesta y ahora que he terminado y la vuelvo a leer tengo dudas de si es real, ha sido un sueño o mitad y mitad

Carta (de amor) de un pene a una mano

 

Querida mano:

Son muchos años ya los que hemos compartido juntos. En todo este tiempo nadie me ha acariciado como tú, nadie me ha agarrado como tú. Tus dedos has sabido mimarme y jugar con todo mi ser con una delicadeza y pasión imposibles de superar.

Empezamos con una relación casi compulsiva, en la que todos los días venías a buscarme varias veces. Tú me liberabas de esos apretados slips y me hacías crecer junto a ti hasta tocar el cielo juntos.

Con los años nuestra relación cambió. Yo andaba más suelto en los boxers y tú venías a buscarme solamente una vez al día aunque aprendiste a tomarte tu tiempo y hacer que disfrutáramos más. Recuerdo con cariño esa especie de vacaciones juntos que teníamos dos veces al año, los exámenes, donde volvíamos a los viejos tiempos juveniles y compulsivos.

La cosa se complicó cuando el dueño se empeñó en buscar amores en los bares. Primero con mujeres y luego con hombres. ¡Con lo bien que estábamos solos tú y yo!. Empezaron a tocarme otras manos que no eran tan suaves como tú, y que no sabían, ni de lejos, hacerlo tan bien como tú. Algunas pensaban que yo era un joystick y me machacaban sin cuidado ni piedad. Y luego esas insistencia en meterme en cavernas oscuras. Me envolvían en un plástico horrible que me apretaba muchísimo. A mi aquello me daba miedo y al principio hasta perdía mi fuerza. Aunque casi mejor, porque aquellas cavernas tenían una pinta horrible y allí había vete tú a saber qué. Me costó un tiempo acostumbrarme a los mareos de aquellos vaivenes sin echarlo todo antes de tiempo. Lo trágico es que, aunque aquello no estaba mal, no disfrutaba ni de lejos como lo hacíamos tú y yo juntos.

Y así, por rachas, hemos alternado épocas de cavernas en las que casi no nos veíamos con épocas de vuelta a nuestro ansiado romance.

Ahora, con la perspectiva que me da el tiempo, puedo decirte que nunca nadie podrá robarnos nuestro amor. Porque sí, mano mía, te amo.

 

PD: Ha sido muy difícil teclear esta carta a pollazos.

Yo quiero ser

El fin de semana pasado nos juntamos un grupo numero de amigos para ir a Chueca. Acabamos en una de esas discotecas donde se está mejor en la plaza con los que fuman que dentro.

A nuestro grupo se habían unido unas cuantas personas que habíamos conocido esa misma noche. Como si de un juego se tratase se me ocurrió decir “yo quiero ser…” y mirar inquisitivamente a uno del grupo. Y así todos dijeron lo que querían ser:

  • Yo quiero ser el escritor de una saga como Harry Potter y que la gente sea feliz leyendo mis libros
  • Yo quiero ser cantante maldito de rock y que mis canciones se conviertan en himnos
  • Yo quiero ser guionista y hacer algo como The Wire en España
  • Yo quiero ser alcalde de Madrid y arreglar esta maldita ciudad
  • Yo quiero ser dibujante de comics y que la gente aguarde todos los meses para leer el último número
  • Yo quiero ser director de cine y que mis películas signifiquen lo que significaron las de Almodóvar en la movida
  • Yo quiero ser actor y conseguir que le gente llore en el teatro
  • Yo quiero ser programador de videojuegos y hacer el videojuego que más cariño le tenga la gente

Nadie dijo que quería ser rico. Ni guapo. Ni famoso. Entonces me desperté. Y tenía resaca.

Del follar y de las ilusiones

Va, tío. Perdona que te de la lata. No soy uno de esos borrachos que van por ahí contándole su vida a la gente. Lo que pasa es que los tíos somos todos iguales. Entre heteros esto no pasa. Porque los tíos… los tíos solo pensamos en follar. Una pareja heterosexual tiene a una tía que normalmente es la que frena todo un poco y se aferra más a la realidad.

Nuestra relación se basaba en follar. ¡Qué coño, nos conocimos follando! Follábamos de puta madre y a partir de ahí, tío, empezamos a querernos. Pero un huevo. Nos queríamos un huevo. Y claro, al final te lo crees. Te crees que llevas una relación normal. Te vas a vivir con él a un piso en el centro y empiezas a hacer todas esas cosas que te han metido en la cabeza, que si unas vacaciones, que si presentarlo a la familia… esas cosas.

Éramos felices. O por lo menos lo más cerca que yo he podido estar de la felicidad. Y él también, ¿eh? Llévabamos una vida de puta madre. Él con su curro en la universidad tenía mucha libertad. Yo renuncié a subir en mi trabajo para tener más tiempo y poder pasarlo juntos. Y no me arrepiento, ¿eh?. Lo hice porque era lo que me apetecía hacer. Viernes libres, salir temprano por las tardes, juntarnos para comer en los restaurantes de moda, salir de copas como cabrones… ¿sabes?  a este pub veníamos mucho. Porque no nos encerrábamos en nuestro mundo de pareja como hacen muchos otros. No tío. Nosotros manteníamos nuestros colegas, los míos y los suyos. Lo mismo nos íbamos un grupito a una casa rural al monte que nos quedábamos aquí de fiesta, saliendo como si no hubiera mañana. Joder, ¿no es bonito emborracharte con tu novio? Una botella de JB para los dos. Hasta eso compartíamos. Una puta botella solo para nosotros dos y acabar borrachos, abrazados, cantando chorradas y al llegar a casa follar como leones. Joder, es que era perfecto.

Pero un día, sin que hubiera pasado nada raro, llega y me dice que me deja.Que ha conocido a alguien, un tal Juan, un puto bombero. Que si sabía que lo nuestro no iba a ningún lado, que si él era muy joven para andar medio casado… excusas todo. Joder, hasta habíamos estado mirando para tener un crío de una madre de alquiler en Estados Unidos. Una puta excusa. Porque al final todos somos tíos, y eso se nota. Lo que el cabrón quería era follar. No follar más, pero sí follar con otros. Demostrar que seguía siendo muy guapo y muy hombre y que se podía tirar a cualquier bombero buenorro que conociera en cualquier discoteca. Bien por él. Pero a mi me ha dejado jodido. Bien jodido. Además, así no se hacen las cosas. Seguro que se estaba tirando a ese tío desde véte tú a saber cuándo. Y el otro lo sabía seguro, ¿eh? Porque los tíos somos así de cabrones. Con tal de follar, nos dan igual los demás.

Pero bueno, ya basta de soltarte mi mierda, que hemos empezado hablando de la música y he acabado contándote mis miserias y ni siquiera nos hemos presentado. Yo me llamo Rafa.

– Yo soy Juan.

– ¿Y a qué te dedicas, Juan?

– Soy bombero.

 

Las historias de Zorrita y Cultureta: El agua con gas

Zorrita y Cultureta sobre la cama. Cultureta está dormido y Zorrita le despierta haciéndole caricias en el pelo
Cultureta: (despertándose): ¿Qué?

Zorrita: Buenos días, príncipe

Cultureta: Ehh. Quita. Espera. Qué pasa

Zorrita: Tranquilo hijo. Estabas dormido y te estoy despertando porque me aburro

Cultureta: Sí, pero … tú… yo… en mi cama, en gayumbos…

Zorrita: Uy Cultur, ¿No me digas que no te acuerdas de lo que pasó anoche?

Cultureta: No. Y ya me lo estás contando

Zorrita: Joder, pues menudo polvazo me echaste

Cultureta: ¿Queeeeeee?

Zorrita: ¡Que no tonto! Tú te follaste a un orco y yo a otro

Cultureta: No me jodas. Mierda, no me acuerdo de nada. Joder, qué resaca

Zorrita: Es que menudo pedo anoche

Cultureta: Lo último que recuerdo es que estábamos en la puta Boite

Zorrita: ¿Te acuerdas del agua con gas?

Cultureta: ¿Qué agua con gas?

Zorrita: Que te empeñaste en pedir un agua con gas en la Boite porque decías que eso te bajaba el pedo

Cultureta: Déjate de chorradas. ¿A quién coño me he follado? ¿Y a quién coño te has follado tu EN MI CASA?

Zorrita: ¿Y tú te crees que yo me acuerdo de sus nombres?

Cultureta: No, pero cómo eran

Zorrita: Tú no hacías más que decirle al tuyo que se parecía a Brent Corrigan

Cultureta: No jodas, ¿y se parecía?

Zorrita: Que va, pero tu ibas pedo

Cultureta: ¿un orco?

Zorrita: Sí, un puto orco

Cultureta: Joder. ¿Y el tuyo?

Zorrita: Pues era guapete pero la tenía pequeña y no me estaba enterando, así que le dije que estaba muy borracho para follar y lo eché.

Cultureta: Tú en tu línea… ¿Y el mío cuándo se ha ido?

Zorrita: Pues a las 12 apareció por el salón. Me despertó para decirme que se iba, que tu no te enterabas de nada y me vine aquí porque tu sofá es una mierda

Cultureta: Mierda, es que no me acuerdo de nada

Zorrita: Mejor que no te acuerdes. Era un orco

Cultureta: Puff. No vuelvo a beber mi la vida

Zorrita: Agua con gas…

Cultureta: Eso. No vuelvo a beber en mi vida agua con gas. Puto agua con gas.

Jorge

Cuando todo empezó Luis tenía 16 años y sólo pensaba en el monopatín y en los videojuegos. Fue por los videojuegos, jugando on-line, como conoció a Mario que por aquel entonces tenía 24 y preparaba sus oposiciones a Abogado del Estado. A las partidas on-line siguieron partidas en casa de Mario en las tardes de domingo que pronto se convertirían en tardes y noches de amistad y sexo.

De lo que no tenían ni idea Luis y Mario cuando empezaron su atípica relación aquel verano era que Luis había dejado embarazada un mes antes a María, su mejor amiga. Fue uno de esos polvos de adolescentes de querer probar, de jugar con la sexualidad.

Cuando se enteraron los padres de María, que también tenia 16 años, solo dieron una opción: abortar. Cuando Luis se enteró se le vino el mundo encima. Él estaba muy agusto yendo al instituto, patinando y follando con Mario, al que ya empezaba a llamar novio. Mario fue el único que mantuvo un poco la calma. Quiso conocer a María. Se hicieron buenos amigos y fue quien le propuso que se fuera a vivir a su casa cuando ésta decidió que quería tener el niño. Los que eran padres al principio de esta historia, esto es, los padres de María, de Luis y de Mario, todos fieles votantes del PP, pensaban que todo era una locura. Aún así lo hicieron.

Luis y María se cambiaron a un instituto cercano a la casa de Mario y consiguieron terminar primero de bachillerato con parto incluido. Fue niño, y entre los tres decidieron que se llamaría Jorge. Mario por su parte aprobó las oposiciones en el segundo puesto de su promoción y se cambiaron a un piso más amplio con habitación para el bebé. El segundo de bachillerato de Luis y María fue más duro. María se tuvo que volver a cambiar de instituto para ir a uno nocturno y ocuparse del bebé por las mañanas. Después de comer venía Luis y se hacía cargo del pequeñajo mientras estudiaba o jugaba a la consola. Por la tarde volvía Mario y compartía unas horas con Luis antes de que llegara María para cenar todos juntos. Mario era muy buen cocinero y eran los mejores momentos del día.

María y Luis aprobaron la PAU sin problemas y a Mario le ofrecieron un puesto en el Tribunal de Justicia Europeo en Luxemburgo. Ese verano les  tocó estudiar francés intensivamente a los tres. Incluso el pequeño Jorge empezó a decir sus primeras palabras en Francés. En septiembre ya tenían piso en Luxemburgo. Maria empezó Ingeniería Civil y Luis prefirió esperar un año porque no tenía claro qué quería estudiar y prefería quedarse con el pequeño Jorge más tiempo. Además, encontró nuevos amigos con los que patinar algunas tardes.

Todos los que eran padres al principio de esta historia reconocieron que aquello era una familia. Una familia contra la que ellos se habían manifestado en 2007. Una familia feliz.

El chico que amaba las pollas morcillonas

Era un chico normal no especialmente marica. No estudiaba periodismo ni trabajaba en una tienda de ropa. Era buen tío. Su pasión por las pollas podría parecer normal si no fuera porque amaba las pollas morcillonas.

Decía que una polla dura era demasiado poderosa,  ingobernable. Sin embargo, una polla morcillona estaba a su merced. Él la podía manejar a su antojo, moverla y jugar con ella sin que esta impusiera una dirección. Realmente las amaba.

El problema solía ser que al jugar con una polla morcillona, está tendía rápidamente a pasar al estado factídico de la erección plena. Así que se aplicaba con sus dotes mamatorias y amatorias hasta el orgasmo y consiguiente eyaculación, para poder volver a tener la polla de su amante en estado mocillón y así, seguir disfrutando de ella. Si el amante era de empalme fácil, volvía a practicarle una felación, o se dejaba follar, casi hasta el infinito para poder volver a ser dueño de su polla mocillona.

Dormía agarrado al pene de sus amantes, notando su calor flácido. Sus mejores amantes, los que más le gustaban, eran aquellos con esos pollones que nunca se terminan de poner duros, pasivos normalmente. Ahí se sacrificaba y hacía de activo, se dejaba mamar y se los follaba, solo para poder tener sus pollas morcillonas.

 

Nota: La foto que ilustra este post ha sido amablemente cedida por Victor Casillas. Podéis seguirlo en twitter: @CasillasV

Las historias de Zorrita y Cultureta: El búlgaro

Zorrita llama por teléfono a Cultureta

Cultureta: Hola Zorri

Zorrita: Joder, ¿qué es esa mierda de música que tienes tan alta?

Cultureta: Es Tim Buckley. Es que me estaba duchando

Zorrita: Coño con el cutureta, ¿no te puedes duchar con Lady Gaga y Madonna como todo el mundo?

Cultureta: ¿Y si dejas de criticar mis gustos musicales y me dices qué coño quieres? Estoy mojando el suelo

Zorrita: Ah, pues que si en vez de quedar a las 8, por qué no quedamos mejor a las 9.

Cultureta: ¿Y eso?

Zorrita: Pues es que voy a quedar con un búlgaro

Cultureta: No me jodas que vas a llegar una hora tarde porque quieres que te folle un búlgaro

Zorrita: Joder, es que llevaba mucho detrás de él… no sabes que pollón tiene tio

Cultureta: Búlgaro

Zorrita: ¿Qué?

Cultureta: Que tiene un pollón búlgaro

Zorrita: No entiendo el chiste

Cultureta: No era un chiste. Venga va, a las 9, pero no vayas a llegar tarde

Zorrita: No, si con ese pollón que tiene no voy a durar mucho no te preocupes. Búlgaro. Ese pollón búlgaro.

 

El chico que ordenaba las camisetas

Tenía un armario enorme. Dentro colocaba las camisetas en diferentes montones de acuerdo a un curioso orden: el número de veces que había follado con cada una de ellas. Y no es que follara con las camisetas puestas, es que él recordaba todas y cada una de las camisetas que llevaba puestas en el momento de la conquista, seducción o simple calentón previo al polvo en sí.

Además de las camisetas con un alto número de conquistas en su haber (como esa con un 64 en gris que acumulaba la friolera de 14 polvos, que compró en alguna tienda de moncloa que nunca más ha vuelto a ver), estaban aquellas que suponían un hito importante: el primer polvo (una de adiddas azul), el primer chico (una boxfresh que compró en Londres), la pérdida de virginidad anal (Gant verde), el primer polvo con su futuro novio (una Levis envejecida), la maldita del gatillazo (una básica de H&M)  o el chico guitarrista de Ohm del que nunca volvió a saber y que besaba como nadie (una negra de North Sails).

Su fijación con las camisetas no quedaba solo en las suyas, también se fijaba en las de las demás, y te podía decir qué camiseta llevaba Fulanito el día que se la comieron en el Long Play, o cuantos tíos con una camiseta de los Ramones se había tirado en su vida.

Llegaba a ser un problema cuando se cruzaba con alguien con una camiseta con la que recordara haber echado grandiosos polvos. Fuera cómo fuera, le iba a poner muchisimo e intentaría ligarselo como fuera. Por suerte para él, nadie descubrió nunca su fetiche secreto.

 

Historias de Zorrita y Cultureta: Ibiza

Zorrita: Ay tío, me ha encantado Ibiza, me he enamorado

Cultureta: ¿Sí? Pues mira que a mi me parece un desfase discotequero de drogas que …

Zorrita: No, pero Ibiza no es solo eso, es ir a la playa, a las terrazas, los atardeceres… aunque bueno, en realidad yo lo único que he hecho ha sido salir de fiesta y drogarme…

Cutureta: Y follar como un cabrón, ¿no?

Zorrita: Sí, y follar como un cabrón, pufff, qué tíos, qué cuerpos, qué…

Cutureta: ¿Y en qué se diferencia eso de lo que haces en Madrid?

Zorrita: Hummm, pues que aquí la gente solo está desnuda para follar. Allí estan medio desnudos casi todo el tiempo, y claro, eso alegra la vista.

Cultureta: Recúerdame que algún día un monte un complejo turístico en Cuenca con discotecas, muchas drogas y la obligación de ir en bañador o calzoncillos. Me forraría con zorritas como tú

Zorrita: ¡Los italianos!

Cultureta: ¿Qué?

Zorrita: Que lo que mola de Ibiza son esos italianos buenorros. Esos no irían a Cuenca.

Putas y sueños

Hace ya unos cuantos años, al poco de llegar a Madrid, viví en piso modesto de una zona un poco turbia de Madrid. A mí me servía a la perfección y tenía cerca todo lo que un hombre puede necesitar para su día a día: un buen supermercado, un tienda de chinos abierta hasta tarde, un kiosko y un puticlub.

En algún momento, nuevas leyes decidieron que en Madrid ya no se podía comprar el tabaco en kioskos y tiendas de chinos (ahora se puede de nuevo en los primeros). Así, cuando a las 2 de la mañana me quedaba sin tabaco, algo muy propio de mí y que mi ex de aquel entonces siempre me recriminaba (deja siempre guardado un cartón que no uses para estas ocasiones, decía), la única opción era comprarlo en un bar, una discoteca… o en un puticlub.

El mono del fumador es superior a cualquier vergüenza y así entré por primera vez en el club “Paraíso”, dejándole claro al portero (Marco, un rumano con el que luego haría buenas migas) que yo solo iba a sacar tabaco. Hicieron falta unas cuantas noches más sin tabaco para que se rompiera el hielo: “hola niño guapo fumador”, “ya esta aquí otra vez nuestro principito del wiston”, “por qué no te acercas y te tomas algo, que no mordemos”. Una noche fría de invierno se rompió la última barrera y me tomé una copa, dejando claro, y sin ofender, que a mi no me iba “aquello”. Así conocí a Irene, Luz y Mar y poco a poco fuimos contandonos algo de nuestras vidas, inventadas o reales, daba igual. Les arreglaba el ordenador, les enseñé a usar internet, y durante un tiempo, si no había clientes, ayudaba a Irene con su curso de preparación para el acceso a la universidad de mayores de 25 años.

La noche antes de mudarme a otro piso, pasé a despedirme de las “chicas” y les prometí que de vez en cuando pasaría a visitarlas. Nunca lo hice. Pero hace poco pasé por la puerta del club “Paraíso” y ya no estaba Marco en la puerta. No entré, porque quiero seguir soñando que Irene consiguió hacer magisterio y ahora es profesora.

Historias de Zorrita y Cultureta: el partido

Zorrita y Cultureta tomando café cerca de la plaza Mayor

Zorrita: Oye, mañana me podrías llevar en coche a Ikea que me tengo que comprar un espejo nuevo para el baño

Cultureta: No, mañana es el Madrid – Barça

Zorrita: ¿Otro?

Cultureta: Sí, pero tranquilo que ya es el último.

Zorrita: Puto fútbol. Me jode la vida siempre

Cultureta: bueno, este ya lo veo yo por vicio, está todo perdido… solo un milagro haría clasificarse al Madrid. Creo que lo pasaré mal viendo el partido

Zorrita: ¿Y por qué lo ves? ¿Para sufrir?

Cultureta: porque imagina que el Madrid remonta y no lo he visto… me jodería mucho.

Zorrita: Qué poca personalidad tienes.

Cultureta: Si tu lo dices

Zorrita: Sí… aunque ahora que lo pienso, yo me tiraría a Cristiano Ronaldo, a Piqué, a Canales, a Casillas, a Xavi Alonso…

Cultureta: Joder, si que sabes tu de fútbol, ¿no?

Zorrita: para que veas…

 

Olores

Hay quien dice (o soy yo el que a veces lo dice) que lo malo de las grandes ciudades es que las pizzas llegan frías. Otros (o quizá yo también), es que las ciudades huelen demasiado a pizzas industriales, y no se huele el orégano en las calles, o los jazmines.

Foto de danielCRUZmartinez

Historias de Zorrita y Cultureta: Joselito

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Zorrita: Tío, se viene mi primo ese que también era gay, Joselito, a vivir a Madrid

Cultureta: ¿Joselito? ¿Como el pequeño ruiseñor?

Zorrita: Si bueno, es que en el pueblo le llaman así

Cultureta: Ay, un mariquita de pueblo, ¡qué mono!. ¿Está bueno?

Zorrita: A ver, es de la familia, guapo es… lo que pasa es que es muy mojigato

Cultureta: Hombre, es que a tu lado cualquiera es mojigato

Zorrita: No, en serio, creeme, es MUY pavo. Vive en un mundo Disney

Cultureta: Ya claro, y será virgen

Zorrita: Pues si hijo, la oveja negra de la familia

Cultureta: ¿En serio? No jodas. y que se viene a Madrid… ¿a que se lo follen de una vez?

Zorrita: Qué va, viene a estudiar un master. Y me ha dicho que de salir por Chueca nada, que ahí jamás encontrará a su príncipe azul

Cultureta: Alí, príncipe Alí, Alí ba ba ba….

Zorrita: Joder, me acabas de recordar a él

Historias de Zorrita y Cultureta: El concierto

Zorrita: Tío vente al concierto de la Gagá que va a estar de puta madre

Cultureta: Ni drogado hasta la muerte me arrastras tu a mi a eso. Antes prefiero pasarme el día leyendo “En busca del tiempo perdido”

Zorrita: Joder, por qué eres tan así. ¡Con la cantidad de chulazos de que va a haber!

Cultureta: Prefiero no volver a follar en mi vida que asistir a un espectáculo tan lamentable

Zorrita: Tío, pero si te he visto bailando alguna canción suya

Cultureta: No digo que no, pero ya es una cuestión de principios

Zorrita: ¿Y cuales son esos principios?

Cultureta: Los míos, pero si no te gustan, tengo otros

Zorrita: ¿Entonces te vienes? Va a ir Nacho el Navarro….

Cultureta: No, pesado. ¿Te insisto yo para que vengas a ver peliculas suecas en versión original?

Zorrita: No, nunca me has dicho que fuera contigo a una cosa de esas

Cultureta: Porque sabía que no te iba a gustar

Zorrita: Quién sabe. Pero si me lo pides lo más seguro es que te dijera que sí.

Cultureta: Pero es que tu nunca dices que no… a no ser que sepas que la tiene pequeña. Anda mira, para mi lady Gagá es como para ti alguien que la tiene pequeña. Para mi ir a un concierto de lady Gagá es como para ti echar un polvo con un pichacorta.

Zorrita: ¡Pero si lady Gagá es una tia y tiene chocho!

Cultureta: ¿No decían por ahí que tenía rabo?

Zorrita: Joder es verdad…. ¿y cómo la tendra?

ladygagapene