Excusas para follar

El título original de este artículo era “Excusas para que el chico con el que estoy y me gusta pero aún no nos hemos liado suba a mi casa (o suba yo a la suya) a ver si así acabamos follando“. Con este título está más claro, ¿verdad? Pues entremos directamente en materia.

El último trago

La excusa más vieja de la humanidad. Una vez cerrados los bares o agotado el presupuesto es la única manera de seguir bebiendo. Pero… ¿quién quiere seguir bebiendo? ¿no habíamos dicho que esto era para follar? Si uno ya va bastante chuzo tomarse otra copa antes de follar no es lo más indicado: gatillazos, imposibilidad de correrse, mareos con los meneos… etc… Por tanto, aunque la efectividad de esta táctica no es mala del todo, la resolución puede no ser perfecta y no es la más recomendable.

La película

Otro clásico. Se puede utilizar la versión recurrente de proponer una película relacionada con algo de lo que se haya hablado durante la noche para que parezca que la intención real es ver la película.

Una versión más osada es la que utilizaba una amiga de decir: “si quieres te vienes a mi casa a ver una película y si no te gusta te vistes y te vas“. Puro arte. Además la muchacha era la primera frase que aprendía en cada idioma. Ya saben, cuestión de prioridades.

Un punto intermedio pero muy efectivo por la inmediatez sería interrumpir una conversación cinéfila algo como “¿Pero cómo que no has visto El apartamento? ¡Si es una de las mejores películas de la historia! Debería retirarte la palabra… o mejor, te vienes ahora mismo a mi casa y la vemos porque tú así no puedes seguir“. Además uno no puede quedar mal si a mitad de la película empieza a meter mano y deja de prestar atención “porque yo ya la he visto”.

Necesidades básicas

Un hombre borracho a las seis de la mañana tiene tres necesidades básicas: comer, mear y follar. Las dos primeras pueden servir para conseguir la tercera. Lo de mear solo funciona si uno va de visitante y la casa del otro está relativamente cerca: “ay, déjame subir a tu casa que me estoy meando“. Hay que llevar preparadas las respuestas a “¿y por qué no has meado en la discoteca?” (había mucha cola) y “¿no puedes mear en una esquina como todo el mundo?” (es que soy de meada tímida, yo soy una señorita, etc…)

Lo de la comida (de alimento, lo otro viene después) es más fácil. Solo hay que presumir un poco de las dotes culinarias (“te voy a hacer un sandwich de queso de cabra con cebolla caramelizada que vas a flipar“) o simplemente de nevera (“tengo unos canelones que podemos calentar en un momento“). Y como después de comer toda la sangre se baja al estómago todo es mucho más fácil luego.

El olvido

Para esto es necesario pasar por casa del objetivo antes y dejar olvidado premeditadamente algo. Al terminar la noche de fiesta “¡oh cielos!, me he dejado nosequé en tu casa y tengo que volver“. A mí esto me lo hacía siempre un follamigo que tuve: pasaba por mi casa a recogerme, subía con la excusa de mear y se dejaba “olvidado” el ipod. Yo a la tercera ya me di cuenta de qué iba, pero claro, tampoco me iba a quejar.

Colecciones frikis

Si a lo largo de la noche se ha estado hablando de alguna afición friki compartida (y recordad que estás tácticas se usan cuando aún no ha habido temita, así que al menos se supone que ha habido mucha conversación) una excusa que levanta menos sospechas es invitarlo a casa a enseñar la colección friki relevante. Ejemplos: mis figuritas de warhammer, mi colección de comics, mis CDs de Concha Piquer, mi nuevo Mac, mi maletín de pinta uñas, etc…

Chapuzas

Esta es buena por inusual y descolocante. “Oye tío, a ti se te ve con pinta de mañoso. Te cuento. Se me ha fundido la luz del baño y estaba con los cables pelados. Tengo que cambiarla pero no sé si el interruptor está encendido o apagado, así que necesito cortar toda la luz de la casa para cambiarla si no quiero correr el riesgo de electrocutarme. ¿Tú crees que podrías sostener una linterna mientras yo me subo a la escalera?” Sexo a la luz de una linterna, suena hasta morboso. Yo llevo años dejándome una lámpara rota en casa a ver si alguna vez encuentro a un chico con pinta de mañoso.

Música maestro

¿Quién puede negarse a que le canten su canción preferida a la guitarra o el piano? Benditos instrumentos grandes que no pueden sacarse a la calle y hay que subir a casa para tocarlos. Otra opción es apelar al orgullo de concursante frustrado de Operación Triunfo que todo mariquita lleva dentro para retarle al singstar. Y si se tiene la suficiente cara dura se pueden apostar mamadas y similares.

Volver, volver…

Cierran los pubs. Hora de ir a la discoteca con el chico que te gusta. ¿Pero para qué gastarse la entrada de la discoteca si ya con quién follar? Pues es que me he quedado sin pasta y me he dejado la tarjeta en casa. Me acompañas, cojo la tarjeta, nos ponemos otra copa y ya vamos a la discoteca. Lo que no se dice es que durante de la copa se va a hacer todo lo posible por ahorrar el dinero y 3 horas de música probablemente mala. Los más fiesteros u orgullosos echan el polvo y se van a la discoteca, con ese chico o con otro.

Compártelo...Tweet about this on TwitterShare on Facebook0Share on Google+0Pin on Pinterest0

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *