El chico que ordenaba las camisetas

Tenía un armario enorme. Dentro colocaba las camisetas en diferentes montones de acuerdo a un curioso orden: el número de veces que había follado con cada una de ellas. Y no es que follara con las camisetas puestas, es que él recordaba todas y cada una de las camisetas que llevaba puestas en el momento de la conquista, seducción o simple calentón previo al polvo en sí.

Además de las camisetas con un alto número de conquistas en su haber (como esa con un 64 en gris que acumulaba la friolera de 14 polvos, que compró en alguna tienda de moncloa que nunca más ha vuelto a ver), estaban aquellas que suponían un hito importante: el primer polvo (una de adiddas azul), el primer chico (una boxfresh que compró en Londres), la pérdida de virginidad anal (Gant verde), el primer polvo con su futuro novio (una Levis envejecida), la maldita del gatillazo (una básica de H&M)  o el chico guitarrista de Ohm del que nunca volvió a saber y que besaba como nadie (una negra de North Sails).

Su fijación con las camisetas no quedaba solo en las suyas, también se fijaba en las de las demás, y te podía decir qué camiseta llevaba Fulanito el día que se la comieron en el Long Play, o cuantos tíos con una camiseta de los Ramones se había tirado en su vida.

Llegaba a ser un problema cuando se cruzaba con alguien con una camiseta con la que recordara haber echado grandiosos polvos. Fuera cómo fuera, le iba a poner muchisimo e intentaría ligarselo como fuera. Por suerte para él, nadie descubrió nunca su fetiche secreto.

 

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3 thoughts on “El chico que ordenaba las camisetas

  1. danielornitorrinco says:

    Yo tenía una que me funcionaba siempre en el Polana… y me resistía a tirarla, aunque ya estaba muy mal de tanto lavarla… al final la tiré y… cerraron el Polana!!! 😉

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