D, el morbo y el deseo

D. es un niñato guapo y morboso. Lo conocí donde se conocen a los niñatos guapos y morbosos hace poco más de dos meses. A D. le gusta que le den caña. Mucha caña. Tanta que hasta me he sorprendido a mí mismo dándosela. Y D. sabe ser muy agradecido. D. también es de esos chicos que viven completamente armarizados, no te dan su teléfono y probablemente te hayan mentido con el nombre.

Hay una parte en todas las historias como esta que nunca termino de comprender bien. La primera vez que D. y yo quedamos me lo pasé muy bien y creo que puedo afirmar que él también o quizás más. Pero después de la primera vez siempre queda esa duda: ¿lo volveré a ver? ¿será de esos que nunca quiere repetir?. Y yo ya estaba pensando esto último pasado un mes cuando me volvió a contactar: la otra vez había disfrutado mucho y quería volver a quedar. Y así hemos quedado ya unas cuantas veces, siempre cuando él me avisa a mí. La duda ahora es ¿tendrá 10 chicos como yo y se va turnando según le apetece? ¿o con un par de polvos salvajes al mes ya sacia toda su sed?. No tengo ni idea porque yo no soy así.

Tiene D. unos cuantos pequeños detalles que me gustan. Me gusta que cuando venga a casa me suba unas cervecitas. Me gusta como gime cuando le hago mil cosas y sé que está a mil. Me gusta cuando le da corte pedirme algo y luego lo recompensa con creces. Me gusta cuando en los momentos más cerdos le puedes arrancar algo de cariño y que eso le pone más. Me gusta que cuando terminamos de follar y estemos con el cigarrito de después se le note la vergüenza. Y me gusta que antes de irse siempre eche un vistazo a mis discos con los ojos muy abiertos.

Y como otros tantos chicos, esas cosas solo pasan dentro de mi casa. Después de la tercera cita avergonzado me dijo que como ya habíamos quedado unas cuantas veces y me iba a acordar de su cara (¿cómo olvidarla?) que como éramos vecinos si alguna vez nos cruzábamos por la calle que por favor no le saludara. Ese tipo de actitudes me joden mucho y van casi contra todos mis principios. Pero vosotros no sabéis cómo la come. Y sí, puede que yo sea un vendido, lo asumo. Hasta para justificarme llegué a pensar que era medio famosillo porque creía que su cara me sonaba de algo.

Aquello de no saludarlo casi había quedado como una anécdota en mi cabeza porque creía que nunca me lo iba a cruzar. Hasta hoy cuando he entrado en el ascensor del meto y detrás de mí ha entrado un niñato guapo. Era él. He sentido eso que creo que los enamorados llaman mariposas en el estómago y nervios. Ese ascensor (probablemente el más profundo de la red de metro de Madrid) baja como 12 veces su tamaño. Lo he contado otras veces para intentar calcular la profundidad. Así que sabía lo que íbamos a tardar. Tenía que ser rápido pero había tiempo. Primero le he mirado con una media sonrisa de “no te voy a saludar”. Luego he mirado a mi alrededor para que él supiera que yo era consciente de que no había nadie más en el ascensor. Y después le he agarrado la cabeza y con fuerza se la he llevado a mi paquete arrodillándolo y restregándoselo por la cara para que supiera que ya estaba empalmado. Cuando el ascensor emprezaba a frenar y veía el último tramo le he agarrado del pelo y lo he puesto de pie. Le he sonreído como diciendo “se acabó” y “pero no te voy a saludar”. Hemos salido y cada uno se ha dirigido a un andén de la misma línea. Los dos de pie, frente a frente separados por las vías mirándonos. Me he acomodado el paquete y ha llegado mi metro.

Cuando esta noche me ha sonado el móvil y he visto que me llamaban con número oculto me he acordado de que una de las veces que quedamos el técnico de la caldera nos interrumpió en medio de unos previos suficientemente desnudos como para que fuera incómodo. Yo sabía que él tenía prisa y esperar a que el técnico terminara de arreglar la maldita caldera se estaba haciendo eterno. Él no decía nada y solo jugaba con el móvil. En un momento se lo cogí y le dije “mira, entiendo que no quieras que tenga tu número, pero como es difícil que me pilles por skype te voy a apuntar el mío con #31# delante. Así cuando quieras verme me podrás llamar con número oculto”. No he cogido el teléfono. Ha vuelto a sonar y tampoco lo he cogido. Ahora toca reflexionar sobre el poder del morbo y el deseo.

 

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4 thoughts on “D, el morbo y el deseo

  1. Estevo says:

    Joputa, ahora me voy con el calentón a cama. So puta.
    Pero, a ver si invitas, o algo.
    Yo te llevo birras. Don’t worry 😛

  2. EmeEneGa says:

    En el fondo te encanta la actitud cerrada y misteriosa de D. porque le da ese toque de telenovela de país en vías de desarrollo que todos deseamos en nuestra vida. Di SI a #rollercoastercomomododevida .

    Por cierto, por qué no quería que lo saludases? Llevas una camiseta que diga “I’M WITH THIS GAY –>” ? O un megáfono con un CD de Gloria Trevi dado la vuelta y que suelta pompas de jabón Lagarto?

  3. El ritmo sigue says:

    D. es de los que se conforman con dos polvazos de vez en cuando. Es muy evidente.

    O yo soy muy inocente y los niñatos de hoy en día son unas putas y yo me estoy haciendo viejo.

  4. Coño, ha vuelto Vd.

    La actitud de tu D. no me parece extraña en gente joven. Hay ahora mismo tantos medios de encontrar tíos fuera del contacto visual normal que la peña se vuelve acomodaticia y no busca más complicaciones que un polvo.

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